En muchas regiones del norte era la única forma de desplazarse
Pista libre
La historia del esquí de fondo tiene sus raíces en los países nórdicos y Rusia, regiones en las que era la única manera de desplazarse durante los duros inviernos. A principios del siglo XX comenzó a popularizarse y luego, diferenciado ya del alpino, se ha convertido en una actividad de gran predicamento.
Al no requerir grandes infraestructuras para su práctica, es muy respetuoso con el entorno y permite disfrutar de bellos paseos por la naturaleza. Lo puede practicar toda la familia, es económico y es una forma cómoda y relajada de introducirse en el mundo de la nieve. Es un paso previo a otra modalidad, como puede ser el alpino.
La zona norte de la Península cuenta con numerosas zonas donde se puede practicar el fondo. Se puede esquiar en Burgos, concretamente en el circo de Lunada (Espinosa de los Monteros). Ofrece un circuito trazado los fines de semana. En los años de mucha nieve también hay pistas en Aralar (Casa forestal), accesible por Lecumberri (Navarra).
En Pirineos, la estación de La Pierre Saint Martin es el epicentro de tres estaciones de fondo. A tan sólo dos kilómetros del núcleo de La Pierre se extiende el bosque de Le Braca, con 25 km. de pistas trazadas.
El dominio de Issarbe está a 6 km. de la Pierre y 18 km. de Lanne en Barétous. Ofrece 31 km de pistas, también abiertas para raquetas. Cuenta con chalet de acogida, taquillas, una sala de picnic y alquiler de material.
La estación de Larra-Belagua (Navarra) está a 10 kilómetros de La Pierre, en la vertiente española. Se llega por Isaba (valle de Roncal). Ofrece más de 25 km. de pistas con alquiler de material y Escuela de Esquí. Irati también cuenta con circuito de fondo.
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