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En 1934, una autooruga Citroën hacía las funciones de remonte.
Fuente y Fotos: Grandvalira |
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Los orígenes del esquí moderno en Andorra coinciden con la historia de la estación de Pas de la Casa. La humanización de dichos parajes, alrededor del puerto de Envalira, a más de 2.000 metros de altitud, forma parte de la épica de un pueblo que empezó a configurarse en 1928, año en que aparece documentado el establecimiento de su primer habitante, Miquel Montanya, conocido como El Calones.
Las primeras esquiadas regulares tuvieron lugar el 3 de diciembre de 1933, coincidiendo con la inauguración del chalet refugio de Envalira ( 2.124 m ), edificado años antes con motivo de la construcción de la carretera entre Soldeu y Pas de la Casa. Detrás de la apertura del refugio estaba el ingeniero de FHASA, Àlvar Menéndez, uno de los precursores del esquí en Andorra y cofundador del Esquí Club Andorrà, que se creó en 1932 y estuvo funcionando hasta 1937. El refugio disponía de veintiséis habitaciones con calefacción, luz eléctrica, agua corriente y duchas, tal y como constaba en un folleto publicitario del año 1935. El ingeniero Menéndez llegó a construir un cable metálico de 280 metros de longitud y un desnivel de 80 metros . Se trataba, en realidad, del primer arrastre que se instalaba en Andorra y, posiblemente, en el Pirineo (1933).
Diecinueve años después, el mismo Menéndez montó otro telecuerda en la pista del Pedregat, en Arinsal. Y de ahí nace la confusión con el telecuerda o cable de nieve que montaron en 1952 Bernat Boixeda y Francesc Viladomat en la zona francesa del Pas de la Casa, delimitada por el río Ariège, en un espacio fronterizo que por aquel entonces no estaba bien definido: en algunos textos se cita a los tres personajes, cuando en realidad fueron dos intentos, por separado y sin continuidad. En el caso de Viladomat, la implantación de aquel cable de nieve fue la semilla de la futura estación de Pas de la Casa. A lo largo de más de tres décadas, el refugio de Envalira, así como las vertientes del Coll Blanc ( 2.528 m ), fue el centro de la práctica del esquí en Andorra. Jóvenes intrépidos o miembros de familias adineradas de Barcelona y Toulouse se iniciaron en estas pistas naturales.
En coche colina arriba
Para mitigar el esfuerzo suplementario que requería practicar el esquí en ausencia de remontes, Àlvar Menéndez adquirió una autooruga de la marca Citroën 4 equipado con palas de esquí delanteras y tracción trasera. El vehículo podía transportar hasta catorce personas y se utilizaba tanto para subir a los clientes desde Soldeu como para trasladar Envalira arriba a los esquiadores. Desgraciadamente, la Guerra Civil Española primero y posteriormente la Segunda Guerra Mundial frenó la evolución de este deporte.
No fue hasta bien entrada la década de los cincuenta cuando un joven y emprendedor Francesc Viladomat empezó a obstinarse en crear una estación de esquí. No lo tuvo fácil, puesto que no contaba con el dinero necesario, pero sí con algunos contactos, gracias a las relaciones que su padre, el escultor Josep Viladomat, mantenía con diversas familias catalanas comercialmente relacionadas con Andorra. La familia se había exiliado al principado en el año 1941. Su afición por el esquí, que Viladomat descubrió en estos valles, terminó por convertirse en el motor de su vida, y la estación de esquí, en su sueño hecho realidad. (...)
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